Circus Charlie y la diversión a través de lo más simple – Artículo Gamer

¿Cómo es que un juego tan simple puede ser tan difícil y divertido?

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Mi padre solía decir que la vida es en realidad muy sencilla. Nosotros la complicamos, pero muchas veces lo más simple es lo mejor.

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Lectora, lector querido, quisiera explicarte, a manera más personal, por qué pensé en este título como artículo antes que como reseña. Teniendo ya escrito todo para dejarlo como la desmenuzada y deliciosa información servida cual queso Oaxaca para quesadilla (y no me entregaré a la discusión clásica de si lleva o no queso), sentí que no podía ser suficiente, dado que lo que yo mismo dejaba atrás en palabras digitales daba para exponer algo de suma importancia: el videojuego como un desafiante y divertido elemento, más allá de su simpleza. Pero primero, lo esencial.

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Circus Charlie es uno de mis juegos clásicos favoritos, y estoy seguro que merece un nombre entre los populares arcade/NES de la época, como Arkanoid, Tetris y Pac Man. Este título fantástico desarrollado por Konami te lleva a través de seis etapas controlando a un payaso que está actuando en la gran carpa (tal vez su nombre es Charlie, o el del circo, pero realmente no me importa). En la primera etapa montas un león y saltas a través de aros de fuego (alguien sabía que podías sacar monedas de alto valor para el score brincando un número de veces sobre algunas vasijas de fuego?). Por la segunda fase andarás en un cable que está en lo alto, con monos que deberás evadir brincando sobre ellos (Fucking apes!!! Hay unos pegadísimos!!!). El tercer stage te hace subir a caballo y saltar en trampolines o ser golpeado contra ellos. La penúltima te sitúa encima de una pelota bastante grande, de nuevo saltando pero esta vez para permanecer encima de la consecución de más y más balones hasta llegar al final. Por último, te balanceabas en trapecios en donde tenías que saltar (sin saber yo durante años que podías rebotar en las plataformas del suelo…). Jugué siempre la versión de NES, y sé que hay más niveles y dificultad en Arcade (dificultad bestia, claro que sí!!!); me encantaría que alguno de ustedes describiera lo que nunca jugué.

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Los gráficos son primitivos… ya que ES un juego clásico. La época daba para eso y lo simple combinado con lo divertido daban lo justo y más, ante un mercado ávido lleno de chamacos impresionables ante el genial control que le podían dar al payaso, con su sprite cuadriculado que no daba para detalles sino para la precisión en cada salto, en cada retroceso y avance, en cada plataforma final.

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Los FX son bastante flojos, la música muy repetitiva. Tienen una buena excusa, pues estaban limitados a la tecnología de su época, pero caramba que eran geniales para nosotros, mocosos deseosos de más niveles y de escuchar esa pegajosa tonada de 8 bits que cambiaba y cambiaba para volverse a repetir, como música de elevador, pero de puro circo.

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Los controles son muy, muy simples. Saltar. E izquierda y derecha, pero el único botón real es saltar. El juego es muy fácil pero mucho más divertido; disfrutarás de la mayoría de los niveles pero algunos sacarán lo peor de ti (el del león ya cuando llevas tres repeticiones… me acabé el hígado ahí!!!). Este juego ofrece pocos stages pero son más que agradables y bueno, aunque el juego en sí no tiene fin, si podías vencer con una sola ficha o moneda hasta el nivel 25 sin morir, te podías considerar legendario de todo el establecimiento, barrio, colonia y aledaños.

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Hablar como reseña me dejaría aquí mismo, sin más… ¡¡¡Pero qué rayos!!! ¿Se dan cuenta de lo difícil que es, hoy en día, dominarlo? Un día quizá profundice en todo esto, pero sí daré unas líneas al respecto. No busco repetir diciendo que en la actualidad le dan más valor a los fps, gráficos o procesamiento de la consola, pero si de algo se adolece, como lo mostró Cuphead, es de la excesiva casualización y facilidad que se respira en la generación actual. Esta tendencia viene desde los tiempos de la Wii, donde se encontró un público enorme encantado de jugar mientras fuera sencillo y accesible; los celulares dieron la plataforma perfecta y esto creció como pandemia de gripe en primaria pública.

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Ojo, no estoy diciendo que sea algo malísimo, pero si ha modificado el rumbo de la industria enormemente. Tampoco se trata de poner un modo pesadilla en cada juego actual, basado sólo en tener menor vida y subirle la inteligencia y daño al enemigo. Cuando para alargar un título, se atrevían a poner la dificultad al infinito, se pierde todo sentido y creatividad del juego y ya puedes irlo dejando así ante la imposibilidad de llegar más lejos. La gente que hizo Cuphead se basó en Metal Slug y varios más, pero no debe ser llamado el “nuevo Dark Souls”. Mejor el nuevo Metal Slug 2, o el nuevo Ghost’n’Goblins, pero si querías reto variado ya teníamos a las Tortugas Ninja de NES o al descabellado Battletoads (no sólo el túnel, gran parte del título está diseñado para arrancarte la cabellera).

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¡Vaya! ¿Y que nadie se acordó de Circus Charlie? Qué reto más impasable en niveles superiores, yendo más allá que sólo subir la velocidad (Pac-Man, Donkey Kong, Nibble…) al agregarle obstáculos medidos a milímetro y con un timing perfecto a la hora de pulsar el salto, y por qué no, de saber hasta dónde retroceder antes de volarte el siguiente obstáculo. El reto en estos juegos sólo es justo cuando el control responde a las mil maravillas y aquí es perfecto, para que no te quejes. Después de rebasar el 10 sabes tres cosas: Se va a poner de la chingada llegar lejos, cada nivel superado te va a saber a gloria y cada vida perdida estarás cerca de destrozar control, consola y hasta televisor. El éxito de este juego radica en lo fácil de entender, en lo difícil de avanzar y en lo divertido del concepto, de competir contra los demás o contra ti mismo, en un sano entretenimiento que siempre nos incentivó, no a terminar una historia o sacar cada secreto, sino a superarnos, siempre superarnos.

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Mi padre solía decir que la vida es en realidad muy sencilla, nosotros la complicamos, pero muchas veces lo más sencillo es lo mejor.

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¡Que la nostalgia los acompañe!

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